Recuerdo que en aquella vida volvía a tener problemas porque yo, bueno..., yo..., cómo deciros...,
..., tenía un buen...,
- No me come el culo, padre.
- Pero, hijo mío, ¿tú se lo has dicho?
- ¡Cómo?, ¿en plan "amor mío lámeme el ojete"? De ningún modo, padre; yo he intentado despertar su interés..., como me dijo usted...
-... y nada, padre.
- Qué extraño; ¿no estará enfermo?
- No creo porque de polla siempre tiene ganas.
- ¿Pero tú te tocas el ojete?
- Ya lo creo, padre.
- ¿Y él que hace?
- Sigue hablando o viene a comerme el rabo.
- Qué duras pruebas nos manda dios... Pues tú, tú no te des por vencido, hijo mío. Te diré qué haremos. Tú cuando él quiera polla, se la das de tal forma que se encapriche de tu ojete, ¿me entiendes.
- Tienes que conseguir que desee meterte un dedo; un simple dedo y ya el resto está hecho, hijo.
- Así, muy bien; ten fé.
- Gracias, padre.







